Retablo mayor
Desde la llegada de la Imagen Titular de nuestra Hermandad a Cantillana en 1840, esta ha ocupado el lugar principal, siempre con las debidas licencias, del retablo mayor de la parroquia asuncionista. Hasta su destrucción en 1936 en los primeros compases de la Guerra Civil, se alzaba en el presbiterio el primitivo retablo mayor, una obra de Bernardo Simón de Pineda contratada en 1687. De aquel primitivo retablo, tras el saqueo y destrucción del patrimonio mueble del templo, solo se salvaron algunas partes del ático y el relieve asuncionista que lo coronaba y que hoy es la representación escultórica mariana que más tiempo lleva recibiendo culto en la parroquial asuncionista.
En los meses posteriores, un destacadísimo hermano asuncionista, don José Arias Olavarrieta, se empeñó en la recuperación del retablo, para lo que buscó uno lo más parecido posible al destrozado. Su búsqueda dio frutos cuando encontró el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana del desamortizado convento de Santo Domingo de Carmona, iniciando las gestiones pertinentes para conseguir su traslado. Aunque fue denegada por dos veces, la tercera petición, realizada el 20 de noviembre de 1937, fue aceptada, iniciándose inmediatamente la tarea de desmontaje del retablo, colocación y restauración en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. En la petición aceptada el citado don José Arias se comprometía no solo a hacerse cargo de los gatos ocasionados por el traslado y montaje del retablo, sino que también corrió a cargo de su peculio el traslado de uno de los retablos laterales de la iglesia de Santa Ana al presbiterio, que hubiese quedado vacío.
Así las cosas, comenzaron los trabajos, que fueron realizados por el tallista y dorador don José Gallego. Del retablo de Carmona se aprovecharon el banco y las calles laterales, mientras la calle central fue hecha ex profeso y el ático se hizo aprovechando piezas del primitivo retablo. Para dorar el nuevo camarín de la Virgen, al que la devoción popular llama trono, los asuncionistas entregaron sus joyas ante la falta de oro derivada del conflicto.
Con una España en plena guerra, el 10 de abril de 1938, Domingo de Ramos, fue bendecido el retablo desde el que la Asunción Gloriosa preside la feligresía desde entonces.
Además del retablo, se trajeron desde Carmona, a nombre de la Hermandad, cuatro ángeles lampadarios que hoy día siguen en el presbiterio de la parroquia asuncionista.
La implicación de la Hermandad asuncionista en todo el proceso que permitió dotar de nuevo a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de un retablo mayor fue reconocida por la Autoridad Eclesiástica mediante el Decreto emitido el 26 de enero de 1956. Asimismo, en las reglas se recoge que la Hermandad posee el usufructo del retablo y que es responsabilidad de esta su cuidado y conservación, precepto que cumple anualmente y que vio su fruto más destacado en la restauración llevada a cabo entre diciembre de 2014 y febrero de 2015.
En cuanto al retablo, es obra de Juan de Gática, de 1713. Se compone de banco, sagrario entre columnas salomónicas, un cuerpo y ático, y está dividido en tres calles. Cuatro columnas salomónicas de orden gigante conforman el cuerpo del retablo, mientras que, en el ático, que se alza sobre una cornisa fragmentada, se encuentra el relieve trilobulado salvado del primitivo retablo mayor. En cuanto a la iconografía, en el trono se encuentra Nuestra Señora de la Asunción. En las calles laterales del cuerpo, en cuatro hornacinas, se encuentran San Joaquín y Santa Ana, en las hornacinas inferiores, y San Pedro de Verona y Santo Tomás de Aquino en las superiores. En el ático, en las hornacinas laterales están las imágenes de San Vicente Ferrer y San Jacinto de Polonia, mientras que, en la calle central, como ya dijimos, se encuentra, franqueado por columnas salomónicas, el medallón alusivo al Misterio Asuncionista.
Tras la última restauración, la Hermandad sustituyó el zócalo de madera policromada por uno de mármol, manteniendo el diseño que tenía el anterior, así como las puertas del retablo, que se hicieron de nueva factura. También se recuperó la reja que en décadas anteriores cerraba el presbiterio.


