Septiembre - La Fiesta de la Subida
La Fiesta de la Subida es, sin duda, la más singular de cuantas perviven en Cantillana. Su nombre deriva del acto central y que fue origen de la misma, la Subida al Trono de su retablo mayor de Nuestra Señora de la Asunción.
La génesis de la fiesta se sitúa en 1933, cuando la mesa de señoras ideó el acto de la Subida como la forma más propia de devolver al Trono de su retablo mayor a Nuestra Señora de la Asunción, ya que, durante unos días a principios de septiembre, cuando se celebran los cultos de otra hermandad, la Santísima Virgen es trasladada a un altar lateral de la parroquia asuncionista para permitir la visita de sus devotos y asegurar la integridad de la talla.
A partir de este acto central se fueron añadiendo las distintas fiestas y actos y jalonan hoy la Semana de la Subida. Oficialmente se inicia el miércoles con el Acto de coronación de la reina de las Fiestas Asuncionistas. El jueves continúan con las carreras de cintas en motocicleta, y el viernes, en horario vespertino, sale el Santo Rosario. Ya en la noche es inaugurado el Real de la Alameda asuncionista.
La mañana del sábado amanece con olor a romero. Cientos de caballistas y los tradicionales enganches participan en la Ofrenda del romerito al Simpecado bajo el monumento conmemorativo de la proclamación del Dogma de la Asunción. Tras esto, la comitiva se encamina a la avenida Nuestra Señora de la Soledad, donde se celebran las tradicionales carreras de cintas a caballo. Una vez finalizadas, la multitud se traslada al Real de la Alameda donde vivirá una jornada de convivencia.
El domingo es la jornada más importante. Desde el alba cientos de cohetes estallan en el cielo mientras la banda de música realiza un alegre pasacalle. A las 10 de la mañana tiene lugar la Santa Misa de Romeros, tras la cual el Simpecado es colocado en la carreta de plata, donde visitará todas las iglesias de la localidad. Destacan en este recorrido el rezo del Ángelus, la visita al santuario de la Soledad, la llegada de la carreta a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción o el paso por el popular barrio del Chito. En el Real de la Alameda queda custodiada la carreta con el Simpecado en la capilla efímera levantada a tal efecto, produciéndose la vuelta con la caída de la noche.
Una vez recogido el Simpecado, los asuncionistas se trasladan a la parroquia de la Asunción, donde tendrá lugar el Acto de la Subida. Para ello, el presbiterio se ha convertido en un trasunto del cielo: cuatro escalinatas recubiertas de tules y llenas de niñas vestidas de angelito rodean la rampa central por donde ascenderá la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Asunción. Tras entonar varias coplas, suenan los primeros compases del himno que anuncia la inminencia de la subida de la virgen cuando el pueblo proclama «surge gloriosa María». Caen entonces miles de pétalos que perfuman el recorrido de la Virgen hasta el Trono de su retablo mayor, siendo coronada al llegar aquí.
Con la llegada de la Asunción Gloriosa a su trono se dan por concluida las fiestas. Allí arriba, la marcha real sirve de despedida. En ese momento, quedan con la Virgen los anhelos, las peticiones, las plegarias y las promesas de todo un año. La Asunción, para todo el año y sin impaciencias de fechas, vuelve a presidir desde su lugar privilegiado perpetuo la parroquia de Cantillana.




