Altar novena

Altar de Novena

Hasta el año 1933, la Hermandad asuncionista tapaba la totalidad del primitivo retablo mayor con un gran lienzo en el que se representaba un rompimiento de gloria, y que servía como fondo al altar de gradas portátiles que se levantaba en el presbiterio. 

Empero, aquel año se decidió realizar un nuevo altar, que acabaría proyectando el insigne artista Cayetano González. El altar así quedó compuesto de cuatro gradas de plata más un cuerpo de diez centímetros entre la tercera y la cuarta, así como un dosel de terciopelo y damasco rojo bordado en oro y la instalación de luz eléctrica para el medallón del retablo y las cornisas.

Así las cosas, la Hermandad encargó la hechura de las gradas de a los orfebres Manuel Seco Velasco y Eduardo Seco Imberg. El trabajo de repujado y cincelado de las cuatro gradas se supedita a un orden estructural muy claro. Las gradas están plagadas de hojarasca y de motivos vegetales carnosos repujados y trabajados al negativo, proporcionando volúmenes y creando hermosos contrastes con las zonas cinceladas en la superficie.

Aunque no hay constancia documental del taller en el que fue realizado el dosel, los expertos en la materia señalan como ejecutora de la obra a Concepción Fernández del Toro, que siguió el diseño de Cayetano González. El dosel es una obra suntuosa, mostrando en las caídas, bordadas siguiendo la técnica del repostero. A su concepción primitiva se le añadió la corona imperial que hoy remata le conjunto, así como los flecos de las caídas, que son del siglo XIX. Bajo diseño de Pepe Asián, la Hermandad enriqueció la parte trasera del dosel con un damasco rojo cardenal bordado también con la técnica de repostero y con un dibujo que sigue el de las caídas.

Completan el altar elementos como el manifestador de mediados del siglo XIX en estilo neogótico, la extensa candelería, compuesta por obras de los siglos XIX, XX y XXI y otros elementos que han venido a completar el fastuoso aparato de cultos asuncionista. 

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