Principios del S. XX
Las primeras décadas del siglo XX, especialmente la de los veinte y la de los treinta, supuso una auténtica revolución para la Congregación que solo se vio pausada por la Guerra Civil, tras la que se retomó todo el impulso que hasta entonces había tenido la congregación y que llevo a la que podemos llamar Edad de Oro.
En 1900 se estrena el himno asuncionista, mientras que en 1913 la villa de Cantillana, encabezada por el alcalde acompañado de las autoridades civiles y militares y por el clero parroquial, realizó voto de defensa de la piadosa creencia de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma, solicitando la proclamación de la misma como Dogma de Fe. Este voto volvería a repetirse el 15 de agosto de 1926. En 1918, se adapta la iluminación del paso, sustituyendo las tradicionales velas por un innovador sistema basado en gas comprimido, siendo este mismo sistema de iluminación artificial adoptado posteriormente por otras hermandades de la localidad.
Durante la siguiente década el auge y la fama de las fiestas son imparables. Las principales cabeceras periodísticas de Sevilla enviaban a los mejores reporteros que daban cuenta del transcurso de las fiestas en sus periódicos.
La década de los treinta es especialmente significativa en la historia de la Hermandad. En 1933 se celebra, por primera vez, el Acto de la Subida a su Trono de Nuestra Señora de la Asunción, origen de la Fiesta de la Subida, mientras que el año siguiente se estrena el actual aparato de cultos de la Solemne Novena, diseñado por Cayetano González.
En los primeros días de la guerra civil se produjeron dos hechos de hondo calado en la Hermandad. El primero de ellos el asalto a la parroquia asuncionista, que perdió la práctica totalidad de su patrimonio, salvándose, entre otras, la talla de Nuestra Señora de la Asunción por haber sido ocultada. Asimismo, el 1 de agosto es asesinado el sacerdote don Francisco de Asías Arias Rivas, devoto hermano de esta Hermandad que ha sido recientemente elevado a los altares como mártir, siendo el primer cantillanero en recibir tal distinción.
La ingente tarea de recuperación del patrimonio de la parroquia de la Asunción se debe, en gran medida, a la incansable labor del asuncionista don José Arias Olavarrieta, gran amigo del catedrático don José Hernández Díaz, quien lo aconseja en todo momento. Así, consigue traer a Cantillana, en nombre de la Hermandad de la Asunción, el nuevo retablo mayor desde Carmona, para el que se construye el Trono en el que recibe culto Nuestra Señora de la Asunción. El 10 de abril de 1938, en plena guerra, se verá coronada esta gesta con la bendición del retablo.


