ORÍGENES DEVOCIONALES Y FUNDACIÓN
Los orígenes devocionales a la Asunción de la Santísima Virgen en Cantillana hemos de situarlos en el siglo XIII, concretamente en la reconquista de la villa por el rey santo Fernando III de Castilla y León en 1247. Tal y como hizo en la mayoría de localidades tomadas en el valle del Guadalquivir, una vez tomada la fortaleza de Cantillana se consagró la primitiva mezquita a Santa María en el misterio de su Asunción a los cielos, perpetuándose desde entonces la titularidad de la parroquia.
Debido a los avatares propios del paso de los siglos la devoción asuncionista permaneció latente en Cantillana, con destacados hitos como el mantenimiento de la titularidad de la parroquia asuncionista tras la construcción de la nueva fábrica de la misma, la construcción del retablo mayor en cuyo centro se colocó un relieve con la Asunción de la Virgen o el flete por parte del primer conde de Cantillana de un barco a las Indias bajo el patronazgo de Nuestra Señora de la Asunción.
El arraigo de esta devoción hizo que, a finales del siglo XVIII, encontrándose los hijos de Cantillana en peligroso trance por la amenaza de la epidemia de peste amarilla, un grupo de distinguidas señoras decidió encomendarse a la Santísima Virgen bajo tan glorioso misterio, prometiendo constituir un piadoso rosario femenino si la Virgen escuchaba sus súplicas. No ha de extrañar esta promesa pues, desde que en 1735 salió el primer rosario de mujeres en Sevilla, esta práctica se popularizó y extendió por todo el Reino de Sevilla.
Librada Cantillana de la epidemia, este grupo de señoras, encabezado por doña María de Cozar Cozar, costeó un lujoso Simpecado a sus expensas y a la de otras devotas que constituirían el futuro Rosario. Así las cosas, el 24 de agosto de 1804 fue elevada a la autoridad eclesiástica la solicitud para la creación del nuevo Rosario, siendo aprobadas las reglas el 1 de marzo de 1805, de forma que es el de la Asunción el primer rosario femenino legalmente constituido en Cantillana. En 1807 las reglas serían refrendadas por el Real Consejo de Castilla.
En las primitivas reglas se recogía ya el día 15 de agosto como fiesta principal de la Hermandad por serlo de su Titular, así como los cargos de las oficiales de la congregación. Empezó entonces la historia de una corporación dos veces centenaria que nunca ha olvidado el fin último para el que fue creada: «Acordamos establecer un Rosario para que al mismo tiempo que le tributamos a nuestra bienhechora las más rendidas gracias por la merced que nos concedió al habernos librado de tanto peligro, se extendiese y perpetuase tan devoto y santo ejercicio que en todo tiempo ha manifestado María Santísima serle el más agradable».

